El anillo de porcelana que mi madre nunca recuperó


Eran las 13.52 de un sábado cualquiera en un recién estrenado piso del centro. Mi madre, tras dejar hecha la comida para mis hermanos que aún dormían los excesos de la noche anterior, se colocaba los pendientes de su madre y miraba nerviosa por la ventana esperando que la seña Aurelia llegase para cuidarme.

8 minutos era todo el tiempo del que disponía para terminar de maquillarse, explicar a mi abuela mis horarios y ponerse aquel precioso ani… ¡Aquel maravilloso anillo de porcelana que compró su abuela a una doncella rusa y que estaba hecho añicos en su joyero!


Le hizo gracia. Y le fastidió que le divirtiese. Pero era tan tierno ver cómo se habían intentado rellenar los huecos con migas de pan, que decidió encubrirme cuando mi abuela le pidió explicaciones sobre el estado de aquella joya familiar.
Años después entendí el verdadero alcance de mi fechoría e intenté remediarlo con otro anillo el día la madre. Pero no lo conseguí, cuando lo vio me dijo: “Si es muy bonito, pero no es una joya familiar”. Así que decidí olvidar esta historia y asumir que mis malditas ganas de ser mayor habían impedido que ese anillo salido de la Rusia Imperial llegase a las manos de mi sobrina o de mi hija. Hasta que la semana pasada, mi amiga Raquel me dice que ella y su madre están diseñando anillos de porcelana y piensan venderlos.

Por fin mi madre va a tener un anillo de porcelana más familiar incluso que el de mi bisabuela y si mis hijas terminan viviendo en Australia, siempre podrán decir que aquel anillo lo llevó su abuela en la España de principios de Siglo XXI.

Patricia Torres.

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 Alta bisutería, realizada a mano entre una madre y una hija lo que convierte cada pieza en única y exclusiva.

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